Actualización de nuevas estrategias de manejo con bajo impacto ambiental para el control Spodoptera frugiperda Smith en el cultivo de maíz
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Facultad de Ciencias Agrarias UNLZ
Abstract
En Argentina, la producción de maíz se extiende desde el Sur de la Provincia de
Buenos Aires hasta la provincia de Jujuy, abarcando un 38% del total de la
producción nacional. Las principales provincias productoras son Córdoba,
Buenos aires, Santa fe y Santiago del estero con una producción conjunta de
80% del total nacional en la campaña 2017/2018. La superficie sembrada
durante 2016/2017 y la campaña anteriormente mencionada osciló entre 8,4 y
9,1 millones de hectáreas (Ministerio de Agroindustria, 2019).
Gran parte de la superficie de maíz se siembra en fechas tardías para evitar la
coincidencia de la floración del cultivo con períodos de estrés hídrico en los
meses de verano (Brach y Gallard, 2014; Maddonni, 2019; Leiva, 2014). Sin
embargo, los cultivos de maíz sembrados en fechas tardías tienden a ser más
presionados por factores de estrés biótico (Szwarc et al, 2015a; Almada et al,
2015).
El cultivo de maíz es atacado por varios artrópodos. Los lepidópteros son el
grupo más numeroso que daña la parte aérea de las plantas, mientras que los
coleópteros dañan en mayor medida la parte subterránea (Chiang, 1978; Aragon
y Flores, 2006). El lepidóptero más importante en maíz es Spodoptera frugiperda,
conocida vulgarmente como "oruga militar tardía" o "cogollero del maíz " (Ayala
2013; Leiva, 2014; Burtet et al, 2017), el cual tiene hábitos migratorios, y aunque
es un insecto subtropical (Mitchell et al, 1991) con poblaciones restringidas a
áreas con inviernos suaves del hemisferio occidental (Nagoshi et al, 2012), está
ampliamente distribuida en el continente americano, desde Canadá (al Norte)
hasta Argentina (al Sur) y en todo el Caribe (Clark et al., 2007; Vilarinho et al.,
2011). Recientemente se ha detectado también en el continente africano y en la
India. (Goergen et al, 2016; Prasanna et al, 2018; Sisodiya et al, 2018;
Sharanabasappa et al, 2018; Sosa Gómez, 2018).
Los maíces de siembra tardía son los más afectados sobre todo en el noroeste
y noreste argentino (Willink et al, 1991; Ayala et al, 2013), acentuándose el daño
a medida que se atrasa la siembra (Sosa, 2002a; Szwarc et al, 2015; Almada et
al, 2015; Leiva, 2014). En maíces sembrados en los meses diciembre y enero se
observa mayor presión de la plaga (Leiva, 2014), lo cual se relaciona con la
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mayor abundancia relativa de adultos, estimada a través de las capturas en
trampas de luz en la EEA INTA Reconquista, Santa Fe (Sosa, 2002b y c).
Históricamente el control de S. frugiperda en maíz se ha llevado a cabo mediante
el uso de insecticidas químicos, sin embargo, las larvas en estados avanzados
se encuentran protegidas dentro del cogollo del maíz, lo que limita el uso de esta
táctica (Carvalho et al, 2013; Burtet et al, 2017).
Las pérdidas económicas ocasionadas por la presencia de esta plaga en áreas
extensas de maíz han llevado al uso indiscriminado de insecticidas sintéticos
como medida para su control (Carvalho et al, 2013). Esto ha ocasionado grandes
daños al ecosistema y a la salud humana, además de haber contribuido a la
selección de individuos resistentes a estos químicos. (Carvalho et al, 2013;
Burtet et al, 2017).
En 1996, gracias a la aprobación comercial de maíces genéticamente
modificados los cuales poseen proteínas “Cry” provenientes de la bacteria
Bacillus thuringiensis, también llamados híbridos Bt, se ha obtenido una nueva
estrategia para el manejo de S. frugiperda (Tabashnik et al, 2003; Burtet et al,
2017; Wan et al, 2017)
Los maíces Bt tienen grandes beneficios, reducen la utilización y dependencia
de insecticidas sintéticos lo que se refleja como menor exposición a estos tanto
para seres humanos como para fauna benéfica, las proteínas producidas son
específicas para el artrópodo objetivo, y los rendimientos se mantienen estables.
(Andow, 2008; National Research Council, 2010; Bilal et al, 2012; Ibrahim y
Shawer, 2014).
Lamentablemente, el desarrollo de la resistencia es una gran amenaza para el
éxito de los cultivos Bt (Tabashnik et al, 2013; Carrière et al, 2016; Van Den Berg,
2016). El uso constante de estos organismos modificados genéticamente (OGM)
ha generado una presión de selección, multiplicando de esta manera a insectos
resistentes (Gould, 1998; Storer et al, 2010; Gassmann et al, 2011; Huang et al.,
2011; Tabashnik et al, 2013). La rápida adaptación de estos insectos amenaza
los beneficios brindados por el Bt, la eficacia sostenida de estos depende de la
implementación de estrategias de manejo de resistencia de insectos (Head et al,
2014; Fatoretto et al, 2017).
El uso refugios como estrategia para el manejo de la resistencia ha sido el
principal enfoque utilizado en todo el mundo (Tabashnik, 2008). Este manejo se
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trata de reducir la dominancia y heredabilidad de la resistencia (Tabashnik et al,
2004; Trumper, 2014) a través de la idea de que los individuos resistentes se
aparearán con los individuos susceptibles de refugios cercanos o plantas sin
toxinas Bt, generando un hibrido que no sea resistente. (Gould, 1998; Tabashnik
et al, 2004).
No obstante, la utilización del refugio es complicada de aceptar debido a que el
productor debe renunciar a una fracción de cultivo Bt, sembrando maíz
convencional y por lo tanto expuesto a cogollero (Carroll et al, 2013). Además,
muchas compañías no poseen maíz convencional o su disponibilidad es muy
limitada por lo que los productores se ven obligados a sembrar materiales no
apropiados para un refugio (Bourguet et al, 2005). Otra limitante es la de sembrar
el refugio aparte del resto del lote Bt, lo que implica demoras y una necesidad de
adaptar la configuración de siembra y el manejo posterior diferenciado (Kruger
et al, 2012).
En los últimos años se ha comenzado a implementar el Manejo Integrado de
Plagas (MIP) el cual se basa en el monitoreo sistémico, uso de insecticidas
selectivos, uso controlado de plaguicidas mediante un umbral de daño que
justifica su uso. Estas prácticas MIP han crecido en los últimos años apoyadas
por un asesoramiento profesional y tiene directa relación con la sanidad de los
cultivos y los altos rendimientos alcanzados. De igual manera estas prácticas
deben seguir incrementándose ya que aún hay pérdidas y daños a diferentes
cultivos por la falta de monitoreos tempranos o por tratamientos efectuados de
baja calidad. Además, aún existe el uso innecesario de insecticidas ante una
mínima presencia del insecto, ello genera que tanto la fauna benéfica, el ser
humano y el medio ambiente están expuestos a este químico, cabe señalar
además que su uso indiscriminado seleccionara insectos resistentes. (Aragón y
Flores, 2006; Leiva, 2013).
Para disminuir este tipo de conflictos que afectan a la sociedad y mejorar la
sostenibilidad del sistema de producción de alimentos, se deben incorporar cada
vez más métodos de control que reduzcan el uso excesivo de plaguicidas y
ofrezcan alimentos seguros y de calidad. (Paullier et al, 2007)
En el capítulo final de este trabajo se describirán herramientas para el control de
la oruga militar tardía con bajo impacto ambiental, siendo estas las trampas de
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feromonas, eventos apilados y el uso de bioinsecticidas, y además se presentará
una actualización de datos con respecto al control de S. frugiperda.
DESCRIPCION MORFOLOGICA DEL ADULTO
Description
Tutor: Urretabizkaya, Néstor ; Allinghi, Armando